Argentina es "destino-almohada". Todos sueñan con él. Tiene todo para el viajero de habla hispana: el idioma (ese acento que enamora), la hospitalidad y el carácter algo peliculero de sus gentes (ay, la influencia italiana), el baile (¿hay algo más sensual que el tango?), el fútbol (Dios jugaba con el nº10), la comida (la mejor carne del mundo), el vino (excelente, como las conversaciones que inspira), los paisajes (cálidos, fríos, selváticos, desérticos, solitarios, concurridos, whatever), la ciudad (Joaquín Sabina dixit, “Buenos Aires me mata”) y unas buenas conexiones aéreas con España y las principales ciudades de América (buscando con tiempo, es fácil encontrar ofertas).